La importancia de lo grande

En este último trimestre del 2020 revisé varias veces el I Ching. Era tanto el tiempo que no lo consultaba que había olvidado cómo se construyen los hexagramas (de abajo hacia arriba); un árbol que comienza por la semilla y brota de la tierra dirigiéndose al cielo. Siguiendo el camino contrario, las dos primeras interpretaciones fueron erradas ¡menos mal!  pero debo decir que una de ellas, el hexagrama 47 (El agotamiento) desde el titulo prometia verdades. Bajo ese simbolo la respuesta encajaba muy bien y no dejaba gusto por saber qué vendría después.  Una vez corregido el error, el hexagrama resultante para el 2020 fue el 34: “La importancia de lo grande”. El titulo encaja como anillo al dedo si pensamos en este año pandémico. Muchas personas se han dado cuenta detalladamente, reiteradamente, rotundamente y trágicamente de lo que realmente importa.  En lo personal, no ha sido necesario pasar estos 364 días del 2020 para entender algunas cosas vividas en el momento que dejé mi zona de comfort para ver la vida desde nuevas y diversas perspectivas. La pandemia ha obligado a muchos a salir de su normalidad y las restricciones adoptadas imponen resistencia que llevadas por largo tiempo exponen aspectos ocultos de la personalidad. O se cultiva la paciencia o se alimenta la rabia, con sus matices, por supuesto.  El aislamiento alienta la reflexión que puede ser iluminadora pero a la vez muy dolorosa. Todo esto lo he venido experimentando  desde hace algún tiempo, cierto, sin un virus que desintegra vidas transformadas en números redondos. Además, este año me ha ofrecido la posibilidad de ver a los otros en momentos duros y como salen robustecidos o temerosos,  enojados o integros. Eso ha sido un gran aprendizaje porque mirando más  “hacia afuera” he reconocido los cambios físicos que ha experimentado mi cuerpo quizás porque cerca de los 50 ya no hay máscaras que ponerse sino quitarse y entonces uno comienza a mirarse la piel que tiene, las manos, los cabellos con sus filitos blancos, apenas. Con la pandemia uno evalúa el estado del envoltorio que lo cobijará durante las siguientes etapas. Si será resistente a los nuevos cambios, si podrá adaptarse a lo venidero. Increiblemente 2020 me ha servido para mirar el futuro.  Un futuro que llegará con unos cuernos, en el calendario chino será el año del búfalo. Ya la imagen tan potente que representa ese animal me hace pensar que tendré que estar preparada, fisica y mentalmente para afrontarlo. A propósito de cuernos, el hexagrama 34 ya los anunciaba: 
hexagrama 47: el agotamiento
hexagrama 34: la importancia de lo grande

Del Casupo a los Alpes

ce38229c-523d-46f6-8883-d4ae9dc77fd7El binomio 2009-2010 fue un periodo de transición en muchos sentidos, sobretodo en el plano físico. Hacía largas caminatas en las 4 Avenidas y subía el cerro el Casupo; ese maravilloso algodón verde que mira a Valencia desde sus 795 metros al noroeste de la ciudad. Recuerdo que subirlo era agotador,  me quedaba sin aliento a mitad del camino y en las ocasiones que llegué a la casita, el afán me dejaba mitad satisfecha, mitad destruida. Antes del Casupo no era particularmente aficionada a la actividad fisica. 

Con el estreno de mi segunda vida y el cambio de pais en el 2010, ese “allenamento” me sirvió de mucho porque pasé, en un parpadeo, de la seguridad del carro a la fragilidad de la bicicleta. También ayudó Milano, una ciudad que tiene un sistema de trasporte verdadero donde no usarlo es absurdo. El entrenamiento iniciado en el Casupo no fue, en resumidas cuentas, en vano. Caminar, pasear, descubrir fueron verbos que usé con mucha frecuencia mientras mi cuerpo entraba en el giro de las 4 estaciones. 

Durante ese tiempo desarrollé resistencia y pude vagar por kilómetros sin que me sangrasen los pies y andar en bici de noche y bajo la nieve. Un entrenamiento casi de maratonista! Para seguir en el tema del movimiento en un lapso de dos años me mudé dos veces, ambas dejando Milano a mis espaldas aún más hacia el norte y agregué el tren a mi rutina diaria, convirtiéndome en lo que llaman un “pendolare”; categoria de ser que oscila entre ir a-trabajar-regresar a casa en un día (como mínimo). Por esos años me casé y volvió el carro y con él la tranquilidad de los horarios. Regresé a los zapatos deportivos pero sólo para ir al supermercado y hubo momentos en los que me cansé subiendo simplemente las escaleras. El Casupo estaba lejos, lejísimo. 

Pero como la vida está hecha de cambios que son sustancia de la misma materia proyectada en espirales hasta el infinito, he iniciado un segundo entrenamiento. Esta vez con una montaña más alta, es más, muchas montañas juntas para escalar. Desde hace un par de años me volví a mudar pero en linea recta hacia el este, entre la montaña y el mar (qué coincidencia, no!?) Los alpes italianos al norte, el mar Adriático al sur. En donde vivo hoy no hay megasupermercados, ni metro y dificilmente autobús pero hay una cordillera de montañas blancas durante el invierno y verde oliva en verano.  Camino poco, sí, incluso puedo ir a pie a mi nuevo trabajo pero  el entrenamiento previo fue un paseo en comparación con la faena fisica que hago desde que llego hasta que termino la jornada. También he probado a subir una montaña alpina y llegar a la cima, y seguro que ha sido  más difícil de las subidas caribeñas al Casupo. Pero increiblemente durante todos estos 10 años  el cuerpo ha respondido, quejándose pero siempre comprometido con el reto. Me pregunto cúantos más cerros resistirá.

 

Antes del Covid

– Esa canción me recuerda la primera vez que nos besamos.- Sí, ¿por qué?

– Porque estaba temblando.

– Será que te dio frío. Llovía mucho y había mal tiempo.

– Puede ser…

– Ahora que lo dices ese día me vino en mente Rayuela…no sé por qué.

– Umm

– ¿Acaso lo has leído?

– No…el libro aquel de Cortázar?

– Ese. El que habla de bocas y besos.
…”Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar..”

– Igual estará difícil que lo lea, nunca tengo tiempo y sabes que soy poco aficionado.

– No digo que lo hagas, te lo comento. También me recuerda las fresas cuando como la primera; la memoria de la anticipación.

– Entonces mi beso te recordó al sabor de las fresas?

– No, el libro de Cortázar.

“…hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas…”

– Podemos cambiar de tema? Ya tengo hambre y aún faltan varias horas de tren antes de comer.

– ¿Cuál tema? No hablamos de ninguno en particular.

– Ese de las fresas. Desde aquel día me agarró una tos y hasta hoy no se me quita. Era húmedo y estuvimos caminando como tontos por horas.

– Cierto, pero no me viene en mente que tanto hicimos.

“…y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos…”

– Nos estábamos conociendo, eso quita tiempo. Me parece que hablamos de muchas vainas.

– Si, eso quita tiempo. Menos mal que ya nos conocimos así que nos ocuparemos de cosas más importantes.

– Entonces, ¿¡cuando nos vemos otra vez? Ya tengo que pasar al otro lado.

– Pues no tengo idea, será difícil si cada quien anda en lo suyo…sin compromiso, ¿recuerdas?

– Así es. Que estés bien. Un beso.

– Si, un beso solo. 

“…Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua…”

Tejedoras

Hoy me he encontrado con una escritora colombiana que instantáneamente hice mi amiga. El encuentro no fue “person to person” sino más bien porque hay hilos conectándose constantemente entorno a nosotros. 

Todo inició con la lectura del libro de Karina Sainz Borgo (escritora venezolana residente en España) que ha resultado un betseller. La hija de la española llegó a mis manos en el aeropuerto de Barajas,  de regreso de Madrid donde estuve para asistir al matrimonio de una prima/sobrina que reunió a un grupo numeroso de familia regada en varios lugares del mundo producto de una tragedia común: la dictadura en Venezuela. Había leído una critica poca positiva del libro pero al verlo en el aeropuerto me resultó tan familiar que no pude soltarlo. Fue como traerse un souvenir de nostalgia a casa. 

Lo devoré, me conmovió, trajo consigo recuerdos nuevos de un pasado que habia olvidado y actualizó el miedo de lo que imagino se viva diariamente en Venezuela. Me dejó colgando un hilo de interés en la literatura en español, sobretodo en la que están produciendo jóvenes escritoras latinoamericanas. Un hablar y pensar que me resulta tan próximo y sin embargo, en estos años habia pensado estuviese perdiendo aún cuando solo se esconda detrás del dia a dia de las cosas.

Encendida así fue que un twitter me regaló el hilo de García Robayo. Como Karina, también  joven, emigrante y escritora de suceso. Hasta ahora sé poquísimo sobre ella, sólo  que otro escritor venezolano a quien respeto mucho manifestó su deseo de leerla, posteando un enlace a una entrevista de García Robayo que leí con emoción porque dice tanto de cómo escribe y por qué lo hace. No tengo necesidad de más excusas para coleccionar hilos. 

Gracias Milano

Pasaron 8 años con sus dias buenos y otros no tanto. Milano me concedió conocerla y apreciarla con efecto inmediato en la  percepción que tengo de mi misma. Ha cambiado en estos años  al ritmo de mis experiencias y ha sido fascinante ser testigo anónimo de su mutación. Todavía (lo presiento) tendré mucho que decir de ella y pues la voy queriendo aún más por ese motivo y por tantos otros que ya he contado en La ciudad de Antide Bye bye MILANO, y muchas gracias!